miércoles, 23 de diciembre de 2009

Murcia,1975

Bajo el sol tropical de la zona,
en el momento más duro del trabajo
tus ojos limpios se posan en mis ojos
y dejan paz en mi fatiga y mi naufragio.

Porque naufragio es para mí verte día y día
en el ardiente limonar, en la ensenada
yo acarreando el fruto recogido
tú recogiendo el lindo fruto algo cansada.

También naufragio es para mí cuando sonreimos
con tímida mirada y sin pecado
y no tener valor para decirte
en mí el amor que vas desencadenando.

Se me antojan melodía de sirenas
cuando cantáis dulces tonadas combatiendo
el calor y la gran monotonía
de entre todas tu dulce voz se acerca al cielo.

Veinte quilos de limones sobre mi hombro,
cuando paso junto a tí a veces pelean
agridulce sensación de amor y miedo,
amor y miedo obligan a temblar mis piernas.

Cuando paramos a comer algo y tu me has visto
que me siento frente a tí algo escondido
y yo te observo y tú me buscas y me encuentras
en mi mano tiembla leve el bocadillo.

Llueve plomo derretido, tarde eterna.
Las hojas brillan como mares de esmeralda
salpicadas de ovalados trozos de oro
que recogen sutilmente las muchachas.

El silencio se apodera de nosotros,
solo lo rompe las palabras; ¡El botijooooo!
Dejé la carga, salí corriendo,busqué el barro
y te llevé agua como si fuera algo muy mío.

Vive Dios como brillaron tus ojos.
Te atragantaste tres veces; tus mejillas
enrojecieron como el sol cuando se pone
y creí casi llorando que eras mía.

Ya por la noche descansando junto al mar
cuando la luna juega libre con las olas
tus ojos limpios se posan en mi mente
y dejan paz en mi soledad y en mis sombras.

Un día bañándome en aquella inmensa alberca
que regaba el lado norte de la finca
comprobé profundidad; son cuatro metros
le digo algo o me quito aquí la vida.

Al día siguiente y sin pensarlo demasiado
busqué tu árbol y me acerqué muy despacio
te acicalaste nerviosamente el pelo
y sin palabras se fundieron nuestros labios.

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