Yoni tocaba su flauta.
Su mujer preparaba el té.
Yoni no contaba con que sus notas
se mezclaban en el aire,
escapándose amorosamente
por la chimenea.
El fuego quemaba ya el cacharro de barro
que Yoni había hecho.
El fuego quemaba ya el agua.
Su mujer soñaba.
Las notas de la dulce flauta
embriagaban sus negros cabellos.
Las brasas del roble cortado en invierno
daban luz en la estancia de noche.
Afuera nevaba.
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